La semana pasada escuché una de las frases más desacertadas de los últimos tiempos: "Chicos, estamos en Harvard. Esas cosas son para La Matanza , no para Harvard". Y lo peor fue que salió de la boca de la presidenta de nuestra nación, Cristina Fernandez de Kirchner, quien cometió el mismo desatino al inaugurar Tecnopolis exclamando"Me gustaría estar en Venecia y no acá en Villa Martelli"
La Matanza constituye el partido más poblado del Gran Buenos Aires con una cifra de habitantes cercana 1.800.000, lo que hace que sea el termómetro político de toda la provincia, ya se sabe que quien gana las elecciones en la Matanza, gana las elecciones nacionales.
Son 352 kilómetros cuadrados habitados por gente que sale todos los días a trabajar, que se mueve en colectivos atestados, y en un tren que produce muerte. Es el partido de los que no tienen privilegios, de los que hacen las cosas a pulmón, de los que se sienten orgullosos de una universidad, que es de las mejores del país, con un alto nivel académico y excelencia en enseñanza.
La Universidad de La Matanza dicta 40 carreras de grado, postgrados y maestrías. Concurren cerca de 40.000 alumnos. Una cifra por demás alentadora en una provincia en donde 700 mil chicos ni estudian ni trabajan y están ahí en el borde de la seducción de la droga, el alcohol y la delincuencia. Entrar en su predio es llenarse de magia y creer que no es una Universidad estatal sino una privada. Con una biblioteca que provoca envidia, con salas de lecturas silenciosas para estudiar y llenas de bullicio para debatir. Allí se reunen los alumnos propios del partido y los que vienen de partidos vecinos, son todos bienvenidos, si después de todo lo que se busca es el formar cada día mejores profesionales, seres humanos y ciudadanos.
La Matanza además es la voz de Juan Alberto Badia, el carisma de la Sra. Televisiòn Pinky, la belleza de Araceli Gonzalez, la comicidad de Antonio Gasalla, el desparpajo de Guillermo Lopez, el compromiso de Monseñor Rodolfo Bufano, la ironía de Beto Casella, el don de narrar de Rolando Hanglin, la delicadeza de Eugenia Tobal, el amor al teatro de Don Ricardo Passano y las palabras maravillosas de nuestro máximo poeta Almafuerte: "No te des por vencido ni aun vencido".
Por eso, por todo esto y por muchas cosas màs,Sra Presidenta, yo me siento orgullosa de ser de La Matanza.
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